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PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA PURIFICACIÓN
Es uno de los edificios más importante y característicos de la villa, declarado Bien de Interés Cultural, se levanta en el siglo XVI sobre una ermita del siglo XV de la que seguramente se conserva la puerta que está a los pies. Las obras se iniciaron en 1522 y concluyeron en 1539, según consta en una inscripción situada en el muro exterior de la cabecera.
En el exterior se puede apreciar como sobresalen los contrafuertes que conforman el ábside, decorados con cornisas, pináculos y gárgolas. Destaca la torre del siglo XVI, que se alza a los pies del templo, en la Guerra Civil la torre fue casi derribada reconstruyéndose después siguiendo las características originales, bajo las órdenes del maestro Ventura Villena. La torre cuenta con dos partes bien diferenciadas, la primera compuesta de dos cuerpos en sillarejo de estilo gótico con esquinas reforzada con sillares de granito y la segunda compuesta por dos cuerpos superiores de ladrillo revocado de estilo herreriano con dobles vanos de medio punto que remata en un pequeño templete con copulines.
Tiene dos portadas laterales de estilo plateresco y una a los pies bajo la torre de estilo gótico tardío; es una portada muy sencilla con un arco conopial rebajado inscrito en otro arco de medio punto, la decoración de la portada es mínima reduciéndose a los capiteles de las pilastras, algunos elementos florales y tres pináculos adosados al muro que rematan la portada. Las portadas laterales son bellas muestras del arte renacentista: la del Evangelio o Puerta del Perdón cuenta con un arco carpanel decorado con motivos epigráficos y las pilastras decoradas con elementos florales, vegetales y algún motivo alusivo a la muerte como las calaveras; otros elementos ornamentales que decoran la portada son bustos, figuras humanas, cabezas de carneros, cabezas de puttis, jarrones con lirios símbolo de la Virgen, etc. La portada de la Epístola, también llamada Puerta de los Romero, cuenta con un arco carpanel y elementos decorativos como un jarrón con los lirios flanqueado por bustos masculinos y una figura desnuda que toca un laúd rematando la portada.
En los contrafuertes del ábside se disponen dos escudos, el principal es el escudo imperial de Carlos I colocado en este lugar seguramente como agradecimiento al Rey por la concesión de Privilegio de Villazgo dado en 1536; el otro escudo es el parroquial que presenta un jarro de azucenas, conchas y cruz de Santiago y el almendro símbolo de Almendralejo. En el ábside también se halla la escultura del Cristo de la Paz, obra del eminente artista extremeño Juan de Ávalos.
En el interior, el edificio presenta una única nave muy amplia, la única en Extremadura de tales dimensiones con una sola nave, dividida en cinco tramos separados por arcos de medio punto con bóveda de cañón, la cual sustituyó a la antigua bóveda de crucería granítica que estaba en mal estado y se derrumbó en el siglo XVII durante el terremoto de Lisboa. El ábside se cubre con cúpula estrellada y las plementerías están decoradas con pintura mural y a los pies todavía se conserva la cubierta original.
Especial interés despierta la decoración mural del templo, encargada después de la Guerra Civil por el párroco Don Manuel Alemán a los pintores italianos Emilio Nembrini, Giovanni Gritti y Ottavio Bernardi; se trata de composiciones claras, equilibradas, de temas definidos y de gran riqueza cromática. Los trabajos finalizaron en 1951 gracias a la gran labor llevada a cabo por los artistas italianos, la contribución del pueblo y el empeño del párroco.
A cada lado del presbiterio se disponen dos pinturas que fueron las primeras que se realizaron, la de la izquierda representa la conquista de Sevilla por San Fernando y la de la derecha representa a Santa Isabel de Hungría, que eran los nombres de los patrocinadores de la obra pictórica. Las pinturas centrales de la bóveda representan escenas de la vida de Jesús y en las laterales se representan santos, ángeles, papas, varias advocaciones de la Virgen, etc., en las pechinas se representan a los Evangelistas y en la zona del coro a Santa Cecilia con el arpa rodeada de ángeles músicos.
Especial atención merece el Retablo Mayor, el cual es una copia bastante fiel a la original realizada por los Talleres Salesianos de Sarriá en 1942, porque el retablo original junto con otros retablos, imaginería o el órgano fueron destruido en un incendio durante la Guerra Civil. Este retablo era un conjunto que impactaba por su proporción, armonía y monumentalidad; digno de una catedral según Corvarsí. El retablo de estilo neoclásico fue realizado en el primer cuarto del siglo XVII por Salvador Muñoz de Mérida y Francisco Morato de Zafra, dorado y estofado por Lázaro de Pantoja de Sevilla. El retablo está compuesto por una predela sin decoración y dos cuerpos rematado en un ático a modo de frontón, verticalmente se divide en tres calles divididas a su vez por entrecalles. En la hornacina central dentro del templete de mármol se ubica una talla policromada de Santa María de Cora, del año 1530atribuida al círculo de Antón de Madrid, la imagen pertenecía a la antigua ermita de Santa Cora. En las calles principales se dispones escenas en relieves relacionadas con la Vida y Pasión de Cristo y en las entrecalles imágenes de los evangelistas; en el ático se dispone el Calvario rodeado por San Matías y San Juan Bautista y presidiendo el retablo el busto del Padre Eterno.
Otra imagen importante es la talla policromada de Cristo Crucificado, situado en el lado derecho de la verja del presbiterio, es anónima y su cronología se sitúa a finales del siglo XV o principios del XVI.
Por último destacamos su magnífico órgano realizado a principios del siglo XX. Éste sustituye al órgano del siglo XVIII que se quemó también durante la Guerra Civil.
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