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HISTORIA
Sin duda alguna, la Historia del Arte en Villafranca está apoyada en tres importantes pilares que constituyen una interesante aportación al panorama artístico comarcal y regional. Dichos pilares son: la Iglesia Parroquial de Ntra. Señora del Valle, su platería y la ermita de Ntra. Señora de la Coronada. La construcción de la Iglesia Parroquial de Ntra. Señora del Carmen es relativamente reciente y prácticamente carece de interés artístico.
Son muchas las referencias bibliográficas existentes sobre los templos de Ntra. Sra. del Valle y de la Coronada, pero es preciso destacar por su rigor científico la obra de nuestro paisano Manuel Garrido Santiago titulada "Arquitectura religiosa del siglo XVI en Tierra de Barros" (1983). Por su parte, Cristina Esteras Marín, en la revista del Carmen de 1982 recogía algunas notas sobre la platería en nuestro pueblo. Manuel Garrido sitúa la arquitectura de nuestro pueblo en un ámbito comarcal, de férreo control por parte de la Orden de Santiago, donde la penetración de las corrientes artísticas es lenta y en bastantes casos suelen mezclarse en una misma obra distintos estilos.
Será el maestro Andrés de Maeda quien acabe totalmente las obras en el año 1574, conclusión que está documentada en una inscripción que dice: HÍZOSE ESTA OBRA SIENDO MAYORDOMO DIEGO MARTÍN ARCAZ. AÑO DE 1574. El conjunto se mantuvo hasta que en 1862, por peligro de derrumbamiento, se sustituyó la primitiva cabecera del siglo XV por crucero y cúpula de inspiración barroca. Esta reforma-ampliación, a nuestro juicio negativa, confirieron a la parroquia un aspecto mixto que dañó la concepción espacial del maestro que dio las trazas. Por los mismos años se añadieron a los laterales seis capillas, entre los contrafuertes, que amplió el espacio pero que tampoco enriquecieron al templo primitivo.
En 1.953 la iglesia fue objeto de una importante restauración y de otra en fecha reciente. Los murales de la capilla mayor fueron realizados en 1.954 por el pintor santeño Ramón Fernández Moreno. La restauración efectuada en la década de los ochenta ha proporcionado nueva textura y color a todo el edificio estando plenamente justificada esta intervención dado el estado en que se encontraba el exterior.
Así, lo plenamente renacentista no se pone en práctica hasta la mitad del siglo XVI. Los cánones Renacentistas conviven con elementos góticos, produciendo obras de estilos mixtos e indefinidos, con cierta tendencia arcaica. Todas estas obras manifiestan influencias salmantinas en planes arquitectónicos, pero no ocurren igual en la cuestión decorativa, donde la influencia andaluza, es clara.
Morfológicamente constituye un gran centro de llano típicamente agrícola, de calles amplias y casas blancas de tipo campesino, entre las que proliferan las de construcción más elaborada correspondientes a la nobleza local, que se significan por sus elaboradas fachadas de preciosas portadas y añejos blasones.
De su ilustre pasado son muestras las bellas casas solariegas blasonadas que jalonan sus calles, como la casa del Manzollero, las de Pedro Gutiérrez y Hernán Salguero, ambas del XVI, en la calle Alzada; la del Marqués de Fuente Santa, y otras muchas.
Elemento de acusada importancia a efectos urbanísticos es el Arroyo Tripero, que hasta época no lejana limitaba la localidad por el oeste. Sus desbordamientos originaban periódicas inundaciones con el caserío, como la catastrófica de 1.952, por lo que fue canalizado, incorporándose desde entonces a la trama urbana, entre cuyo tejido discurre en el presente.
En las áreas de desarrollo actual se levantan grandes bloques de construcciones modernas y numerosas instalaciones y de servicio, entre las que abundan las bodegas y otras relacionadas con el vino y el aceite que constituyen la base de la floreciente economía local. Hasta tiempo reciente se mantuvo frente a la parroquia del Valle el convento de las clarisas de la Encarnación, derribado hace pocos años, en el que durante casi un siglo se albergó un centro de enseñanza.
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